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¿Por qué nos gusta sentir miedo? La ciencia detrás de las películas de terror
Por Redacción, 07 de Octubre del 2026
El miedo activa respuestas físicas de alerta, pero cuando sabemos que estamos a salvo puede convertirse en una experiencia controlada que despierta fascinación, emoción e incluso placer

El corazón acelerado, las manos sudorosas, la respiración agitada y hasta el estómago revuelto son algunas de las reacciones que pueden aparecer cuando una persona observa una película de terror. A pesar de estas sensaciones, el género mantiene una enorme cantidad de seguidores y cada temporada de Halloween y Día de Muertos las salas de cine se convierten en escenario de gritos, sobresaltos y largas filas para disfrutar de las historias más aterradoras.

Pero, ¿por qué buscamos voluntariamente una experiencia que provoca miedo?

La respuesta está relacionada con la manera en que el cerebro procesa las amenazas y con la capacidad de las personas para experimentar miedo dentro de un entorno que, en realidad, es seguro.

El cerebro sabe que el peligro no es real

De acuerdo con el académico, investigador y profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, Dr. Hugo Sánchez Castillo, el miedo es una respuesta básica de supervivencia que permite al organismo reaccionar ante posibles situaciones de peligro.

Cuando una persona percibe una amenaza, aunque sea ficticia, el cerebro puede activar mecanismos relacionados con la respuesta de alerta. El organismo se prepara para reaccionar: aumenta la frecuencia cardiaca, cambia la respiración y se liberan sustancias relacionadas con el estrés y la activación fisiológica.

En una película de terror, sin embargo, existe una diferencia fundamental: el espectador sabe que está en un lugar seguro y que aquello que aparece en pantalla no representa una amenaza real.

Esa combinación entre miedo y seguridad es precisamente una de las claves para entender por qué algunas personas disfrutan este género.

Un ensayo de situaciones extremas

Una de las explicaciones planteadas por el especialista es el llamado aprendizaje observacional, mediante el cual las personas pueden obtener información al observar cómo otros enfrentan determinadas situaciones.

En el caso del cine de terror, el espectador puede identificarse con los personajes y observar cómo reaccionan ante amenazas, persecuciones o situaciones desconocidas, sin tener que experimentar realmente el peligro.

En cierto sentido, la película permite “ensayar” emocionalmente una situación de riesgo dentro de un ambiente controlado.

El espectador puede sentir miedo, anticipar que algo sucederá y experimentar las respuestas físicas propias de la alerta, pero al mismo tiempo mantiene la certeza de que puede apagar la pantalla, salir de la sala o simplemente recordar que se trata de una historia ficticia.

¿Por qué el miedo puede resultar atractivo?

La explicación no termina en la respuesta de supervivencia.

Cuando termina una escena de tensión o desaparece la amenaza, el organismo comienza a recuperar su estado de calma. Para algunas personas, ese contraste entre tensión y alivio puede resultar particularmente satisfactorio.

Además, las películas de terror suelen utilizar elementos como música, iluminación, silencios, sonidos repentinos e incertidumbre para mantener al espectador en un estado constante de anticipación.

La incertidumbre tiene un papel importante: no saber qué ocurrirá después puede mantener al cerebro atento y aumentar la expectativa.

Por eso, dos personas pueden reaccionar de manera completamente distinta ante la misma película. Mientras una puede disfrutar cada sobresalto, otra puede experimentar incomodidad y preferir abandonar la película.

No todas las personas disfrutan el terror

Aunque el género puede ser una experiencia entretenida para muchas personas, no necesariamente resulta agradable para todos.

Las respuestas fisiológicas relacionadas con el miedo también están vinculadas con los mecanismos de estrés. Por ello, las personas que presentan trastornos de ansiedad, pánico o estrés postraumático pueden experimentar una reacción más intensa ante determinados contenidos.

En estos casos, escenas de violencia, amenazas, sonidos repentinos o situaciones que recuerden experiencias traumáticas pueden funcionar como desencadenantes y provocar un aumento de síntomas como miedo intenso, angustia, palpitaciones o dificultad para recuperar la calma.

Esto no significa que todas las personas con ansiedad o antecedentes de trauma reaccionen de la misma manera. La respuesta depende de múltiples factores individuales y del tipo de contenido al que se exponga cada persona.

Por ello, si una película provoca una reacción intensa o persistente de angustia, no es necesario continuar viéndola simplemente por tratarse de entretenimiento.

El terror también depende de quién está detrás de la pantalla

La experiencia de ver una película de miedo está influida por factores como la personalidad, las experiencias previas, el contexto y la percepción de seguridad.

También puede influir el hecho de compartir la experiencia con otras personas. Ver una película de terror con amigos o familiares puede transformar el miedo en una actividad social, en la que los gritos, las risas y los comentarios posteriores forman parte de la diversión.

En cambio, verla completamente a solas y en condiciones de oscuridad puede aumentar la sensación de vulnerabilidad y modificar la experiencia.

Una respuesta real ante una amenaza ficticia

Uno de los aspectos más interesantes del género es que el cuerpo puede reaccionar ante una amenaza ficticia de una manera que se parece, en ciertos aspectos, a la respuesta provocada por un peligro real, aunque la persona sepa racionalmente que está frente a una pantalla.

El corazón puede acelerarse, los músculos pueden tensarse y la atención puede concentrarse en cada sonido o movimiento. Después, cuando el espectador reconoce que está a salvo, llega el alivio.

Es precisamente esa combinación de miedo, anticipación y seguridad la que puede convertir al terror en una experiencia atractiva para algunas personas.

Así que la próxima vez que veas una película de terror...

Durante esta temporada de Halloween y Día de Muertos, los gritos frente a la pantalla no necesariamente significan que una película haya sido desagradable. Para muchos espectadores, forman parte de una experiencia voluntaria en la que el cerebro puede explorar el miedo dentro de un entorno seguro.

La próxima vez que las luces de la sala se apaguen y comience una película de terror, recuerda que mientras los personajes enfrentan fantasmas, monstruos o asesinos, tu cerebro está realizando su propio ejercicio: detectar una amenaza, preparar al cuerpo para responder y, al mismo tiempo, reconocer que estás a salvo.

Y quizá ahí se encuentre parte del atractivo de este género: sentir el miedo sin estar realmente en peligro.

Con información de: Redacción
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